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No estamos locas somos cíclicas

“Menstruar mola, pero en esta sociedad duele” (Erika Irusta)

La única pedagoga menstrual que existe

El 22 de octubre del 2017 se publicó una entrevista a la primera pedagoga mestrual que existe en PlayGroud.

Hay un antes y un después de conocer a Erika Irusta. Esta treintañera nacida en Barakaldo (Bizkaia) es la única pedagoga menstrual del mundo, miembro de la única sociedad de investigación del periodo de la Tierra, la Society for Menstrual Cycle Research, localizada en Estados Unidos.

La menstruación no es el problema. Tú no eres el problema. El problema es quién menstrúa en esta sociedad. El tabú menstrual corretea por nuestro cuerpo y domina aun en nuestras bragas. Carecemos de conocimientos desde donde explicar nuestra realidad.
Vivimos en la periferia de nuestro cuerpo.

Pero esto acaba hoy y aquí. Las declaraciones de Erika para PlayGround y su boletín “El Camino Rubí” pretender cambiar la visión actual que tiene la sociedad hacia la menstruación, que actualmente sigue siendo un tabú.

Llevo años trabajando la menstruación con mujeres, y de lo que más se quejan no es del dolor, ni de los retortijones. Me piden: “Por favor, dime que no estoy loca“. Es lo que más miedo nos da, y me incluyo. Evidentemente, no lo estamos. No puede ser que más de la mitad de la humanidad esté fuera de sí.

No estás loca, eres cíclica. Tu cuerpo atraviesa momentos químicos que son más aceptados socialmente y otros que no lo son. En tu caso, en fase premenstrual, tu cerebro está en pelotas, sin hormonas. Te han quitado la piel como a una mandarina y tienes los nervios a flor de piel.

Al contrario, es un momento en el que estás muy lúcida. Lo que es una locura es tener que soportar el traje de mujer que te has puesto esta mañana sin ganas. Estás en una fase en la que ves muy claro lo que no te gusta, lo que te duele.

Como he dicho, somos cíclicas. Nos fijamos siempre en el sangrado, pero el ciclo es todo el mes. Tenemos cambios hormonales y químicos que producen cambios físicos, mentales y anímicos.

Todo en 4 fases, dos de ellas dominadas por los estrógenos y las otras dos por la progesterona. Que a grandes rasgos serían como Alegría y Tristeza de la película de Pixar.

La primera fase es la menstrual: termina la parte química y tu endometrio es expulsado. En ese momento estrógenos empiezan a subir otra vez, hasta que ovulas. Esta sería la fase preovulatoria: químicamente, tenemos la sensación de que nos vamos a comer el mundo. Ya se te ha ido la regla y es como primavera. Solemos pensar: “¡Esta sí que soy yo! ¡puedo con todo!“.

Empieza la fase ovulatoria: aparece Tristeza, la hormona progesterona. Si los estrógenos dicen “venga, ¡a tope!”, la progesterona dice “jo…yo prefiero quedarme viendo una peli”.

Muchas mujeres experimentan un aumento de la libido, lo cual no debe de ser interpretado como una fase de celo. Las mamíferas humanas no tenemos de eso, nuestra especie utiliza el sexo como medio de comunicación. Aunque estemos más sensuales y pletóricas, asociar la regla a la reproducción es uno de los motivos por los que el ciclo menstrual no se ha estudiado con propiedad desde la ciencia.

Sigamos hasta el horror: la fase premenstrual.

Si te fijas, a esta fase se la ha catalogado como un síndrome, se lee como una enfermedad. Sencillamente, es el momento en el que las mujeres estamos más sensibles y emocionalmente necesitamos estar más tranquilas, en nuestro mundo. La progesterona hace que estemos así, y la sociedad lo rechaza.

¿Por qué?

No es productivo. Si nuestra sociedad fuera una hormona, sería claramente un estrógeno, tanto a nivel químico como cultural. Los alimentos llevan estrógenos, los cosméticos también. La energía y la productividad son el arquetipo positivo.

La progesterona es una hormona marginal. Lo bueno de la película de Pixar es que se ve que sin Tristeza no hay equilibrio.

La creencia de que el ciclo menstrual no tiene por qué afectarte, de que eso es un cuento chino. Nos venden que es algo biológico que tiene que ver con la reproducción, pero si fuera solamente fuera eso no nos sentiríamos locas ni estúpidas.

Aceptarlo es como reconocer que no eres lo suficientemente fuerte como para resistir a ese huracán de hormonas.

Las madres del feminismo tuvieron que negar el cuerpo, porque es lo que nos condena. Ahora las hijas tenemos que alzarnos y decir: vivo en un cuerpo que cambia, hay días que me como el mundo y otros me quiero cortar las venas.

Hay una diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Si te duele pero estás tranquila en casa es muy distinto a si sufres aguantando en una oficina, cuando tu cerebro no está para eso. Hay que practicar el descanso, hay que marcar límites y sacar la agresividad.

 

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Acerca de Flor de Guadalupe Ortíz Gómez (128 Artículos)
Mi pasión es la ciencia, la investigación y la ingeniería pero yo siempre he pensado que eso no esta peleado con el arte, la cultura, la literatura y el pensamiento critico. Soy mexicana pero actualmente vivo en Madrid, España. Mi propósito es generar contenido interesante en Internet de una forma bien fundamentada. Contáctame para cualquier comentario o sugerencia que tengas sobre la página o si deseas que publiquemos algo en tu nombre

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