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Cartas a un joven científico

A través de una serie de cartas, Edward O. Wilson te muestra cómo es la vida del investigador. De hecho, básicamente cómo fue su vida como científico. Pues casi todos los ejemplos se basan en sus experiencias y en sus investigaciones.

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Wilson es un científico respetado, con un extensísimo trabajo y grandes logros en su ámbito. Con lo cual, cada consejo que pueda dar debe ser escuchado y guardado como si fuera oro.

La obra está estructurada en cinco partes y comprende una veintena de breves capítulos redactados en forma epistolar. En ellos el científico, con una carrera de más de sesenta años a sus espaldas y encontrándose ya lógicamente casi en el punto final de su vida, se esfuerza en dirigirse a aquellos jóvenes interesados en la ciencia que pretenden hacer del trabajo en la misma y la investigación la meta de su vida.

A través de una serie de cartas te muestra cómo es la vida del investigador. De hecho, básicamente cómo fue su vida como científico. Pues casi todos los ejemplos se basan en sus experiencias y en sus investigaciones.

Pero aunque los ejemplos sean sobre zoología (concretamente entomología, el estudio de insectos), se pueden aplicar completamente a todos los ámbitos de la ciencia. Además, da igual que seas un estudiante de ciencias, un doctorando o un investigador veterano. Por eso es tan maravilloso.

El estilo y el tono hacen del libro una inversión de tiempo amena, desenfadada. Y, sabiendo que te está contando cosas importantes, prestas toda la atención posible. Siempre hay un consejo a la vuelta de la esquina (o de la página, mejor dicho).

Para ello no dudará en salpicar el ensayo de abundantes notas autobiográficas, el comienzo de su afición por los insectos durante su niñez, en sus paseos por los bosques de su Alabama natal, una tierra cálida y semisalvaje que aún hoy reune una gran riqueza biológica. Nos hablará de su gran curiosidad y de como su pasión por los insectos, hormigas especialmente, terminó fructificando en sus estudios de biología, entomología (insectos) y finalmente mirmecología (hormigas) en una época en la que prácticamente no había especialistas en esa materia. Decenas de libros, premios, fundación de una nueva especialidad bautizada “sociobiología” que causó una gran polémica en sus inicios, investigaciones exitosas que forman un pilar fundamental en lo que hoy día sabemos no solamente de los insectos sino también de su distribución mundial y su relación con la evolución en la tierra… el libro nos mostrará como sus investigaciones sobre esas humildes criaturas poseen un gran valor para explicar muchas cosas sobre la historia de la vida. También, y como no, el libro abunda en consejos para el jóven estudiante de ciencia que sueña con realizar grandes descubrimientos como investigador… Wilson no engaña a nadie, hay mucho trabajo duro por delante y una dedicación casi fanática, pero el premio puede ser inmenso, él lo dice por experiencia.

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La clave está en el término “pasión”, que repetirá una y otra vez a lo largo del libro, también en el sentido común, en saber usar los recursos propios con inteligencia. Wilson rompe el mito de que el científico ha de ser forzosamente una persona con un coeficiente intelectual superior a la media, rompe también, y es una de las partes más interesantes del libro, con el mito de que en ciencia no hay nada que hacer si no se tiene una sólida base matemática. En su caso fue casi un analfabeto matemático hasta la veintena, solo en la universidad aprendió los rudimentos del álgebra que sus compañeros de clase dominaban desde la enseñanza media. Wilson tratará de desmitificar tanto las matemáticas como a la tecnología, son útiles, necesarias, imprescindibles en algunos casos de ramas de la ciencia que las necesitan para todo… pero todavía se puede hacer buena ciencia sin las mismas, no son la clave para una buena investigación, al menos en su campo.

El trabajo en equipo, la forma de elaborar teorías y experimentar, como la fantasía mueve las ideas y estas toman forma de teorías que han de verificarse empíricamente… y al revés, como hechos observados que no poseen explicación sirven de fundamento a teorías… consejos que toman forma en algunos principios básicos que sorprenden por su sensatez, he aquí dos que expresa en relación con el tema mencionado de las matemáticas:

 

“Es mucho más fácil para los científicos adquirir la colaboración necesaria de matemáticos y estadísticos que, para los matemáticos y los estadísticos, encontrar científicos capaces de utilizar sus ecuaciones”

 

“Para todo científico, ya sea investigador, tecnólogo o profesor, cualquiera que sea su competencia en matemáticas, existe una disciplina en la ciencia para la que dicho nivel de competencia en matemáticas es suficiente para alcanzar la excelencia”

Wilson trata no solamente de orientar en la dirección correcta el camino de los jóvenes científicos, sino también, animarles a que emprendan el mismo, y lo hace de forma apasionada, muy en consonancia con su carácter, evita por todos los medios el pesimismo, que el estudiante de ciencias tenga la sensación de que está todo investigado, de que la ciencia ha progresado tanto que apenas queda campo por explorar, que todo depende en demasía de la tecnología… nada de eso, una y otra vez su voz resuena en el texto con el mismo mensaje machacón, vale la pena consagrar la vida a la ciencia si esa es tu pasión, queda mucho, muchísimo por descubrir todavía, y por supuesto es necesaria más que nunca en la historia de la humanidad la investigación científica, el futuro de la humanidad está en juego.

Muy entretenido, instructivo y recomendable, especialmente para los fans del gran científico, leer a Wilson es un placer por la forma tan directa en que se dirige al lector, con los tecnicismos justos, sin rodeos y con la claridad meridiana con la que se expresa. Wilson ejemplifica una y otra vez lo que comenta en el libro, nunca asistiremos a una lección “teórica” sin ejemplos prácticos de como dicho tema o problema fué afrontado por él y su equipo de investigadores. Esa forma de pasar constantemente de la teoría y las ideas a ejemplos concretos otorga gran amenidad al libro. Recomendable también para aquellos que pretenden iniciarse en su obra, sirve perfectamente como carta de presentación. Y naturalmente, si como a mí, te encanta la ciencia… disfrutarás con este libro, está lleno de sorpresas.
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Acerca de Flor de Guadalupe Ortíz Gómez (125 Artículos)
Mi pasión es la ciencia, la investigación y la ingeniería pero yo siempre he pensado que eso no esta peleado con el arte, la cultura, la literatura y el pensamiento critico. Soy mexicana pero actualmente vivo en Madrid, España. Mi propósito es generar contenido interesante en Internet de una forma bien fundamentada. Contáctame para cualquier comentario o sugerencia que tengas sobre la página o si deseas que publiquemos algo en tu nombre

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